Mientras la conversación pública gira casi por completo en torno a la inteligencia artificial, un dato incómodo se repite entre los reclutadores chilenos: siete de cada diez empleadores en Chile tiene dificultades para encontrar postulantes con habilidades blandas adecuadas para desempeñarse en entornos laborales dinámicos y colaborativos. No es un problema menor ni anecdótico. Es, de hecho, uno de los mayores cuellos de botella del mercado laboral local en 2026.
La cifra sorprende porque contradice el relato dominante. Se suele pensar que el desafío de empleabilidad de esta década es exclusivamente técnico: aprender IA, dominar herramientas digitales, certificarse en programas de análisis de datos. Pero las empresas chilenas están señalando algo distinto. Un estudio reciente proyecta que la digitalización y la automatización generarán cerca de 300 mil nuevos empleos en Chile hacia 2027, pero advierte que los sistemas tradicionales de educación y selección no logran medir ni acreditar las competencias transversales que esos empleos van a requerir. El problema no es solo formar gente en tecnología. Es que no sabemos bien cómo detectar —ni desarrollar— buenas habilidades humanas.
¿Qué está pidiendo exactamente el mercado chileno?
Según el estudio de habilidades más buscadas de Laborum, el trabajo en equipo lidera las competencias sociales más solicitadas con un 57%, seguido de comunicación y empatía, que aparecen simultáneamente entre las más valoradas y las más difíciles de encontrar en los procesos de selección. Esto último es clave: no es que las empresas no sepan qué buscar, es que les cuesta encontrarlo en los candidatos que entrevistan.
A esto se suma un fenómeno propio de este momento en Chile: la convivencia de hasta cinco generaciones distintas en un mismo equipo de trabajo, algo inédito hasta ahora. El 83% del talento chileno rinde más cuando trabaja con personas de distintas generaciones, y el 95% de los empleadores reconoce ese intercambio como un motor de resultados. Pero ese beneficio no ocurre solo; requiere de habilidades específicas —mediación, escucha activa, adaptación del estilo de comunicación— que antes no eran tan centrales en la gestión de equipos.
La combinación gana, no la exclusividad
Un error frecuente es pensar que hay que elegir entre formarse en tecnología o en habilidades blandas. Los datos chilenos muestran justamente lo contrario: el 58% de los especialistas en Recursos Humanos en Chile considera que ambas son igual de importantes, mientras que apenas un 2% prioriza exclusivamente las competencias técnicas. El perfil que hoy se valora no es el más técnico ni el más «blando», sino el que combina ambas dimensiones de forma equilibrada.
Esto se nota especialmente en sectores tecnológicos, donde se podría suponer que el conocimiento duro basta. Sin embargo, distintas fuentes del ecosistema chileno —desde consultoras de reclutamiento hasta portales universitarios— coinciden en que el pensamiento crítico, la inteligencia emocional y la adaptabilidad son el complemento indispensable de cualquier perfil tech competitivo en 2026. Saber programar ya no es suficiente si no se sabe traducir ese conocimiento técnico a decisiones de negocio o liderar equipos distribuidos con empatía.
Dos consejos prácticos para destacar en este contexto
Primero: transforma tus habilidades blandas en historias, no en adjetivos. Escribir «buena comunicación» o «liderazgo» en un CV no demuestra nada por sí solo, porque es exactamente lo que todos los candidatos escriben. Lo que marca diferencia es contar una situación concreta: qué problema hubo, qué hiciste tú específicamente, y qué resultado se logró. Una frase como «coordiné un equipo con plazos cruzados y logramos entregar el proyecto antes de lo previsto» comunica mucho más que la palabra «liderazgo» sola, y es justamente el tipo de evidencia que a los reclutadores chilenos les cuesta encontrar.
Segundo: prepara ejemplos que muestren lo técnico y lo humano juntos. Como el mercado chileno no prioriza una dimensión sobre la otra, la estrategia más efectiva en una entrevista no es hablar de habilidades técnicas y blandas por separado, sino en la misma historia: un desafío técnico que resolviste, explicando también cómo lo comunicaste a tu equipo, cómo negociaste tiempos, o cómo adaptaste tu explicación para alguien sin ese conocimiento específico. Esa combinación es precisamente lo que hoy diferencia a un candidato de otro con el mismo currículum técnico.



