Los incendios ya no son emergencias aisladas: son parte de la nueva realidad del territorio. Cada temporada estival confirma que el riesgo no empieza cuando aparece el humo, sino mucho antes, en la forma en que planificamos nuestras ciudades y gestionamos el entorno.
La discusión sobre la nueva Ley de Incendios pone a las municipalidades en un lugar clave. La prevención se juega a escala local: en permisos bien evaluados, en planificación responsable, en el cuidado de las zonas de interfaz entre lo urbano y lo rural. Son decisiones técnicas, pero también profundamente humanas, porque afectan directamente la seguridad de nuestras comunidades.
El desafío no es solo normativo. Requiere recursos, capacitación y una cultura compartida de autocuidado. La prevención efectiva es una tarea colectiva donde vecinos, instituciones y autoridades deben actuar como un solo sistema.
El incendio que no ocurre no genera titulares, pero es el verdadero indicador de éxito. Planificar con criterio de riesgo no frena el desarrollo: lo hace sostenible. Prevenir antes del verano es proteger la vida cotidiana de nuestras ciudades.



